Un azaroso (y revolucionario) encuentro con el butoh

Hace ocho años, Verónica Cohen descubrió la danza japonesa por casualidad y recientemente, gracias a una beca del FNA, viajó a Francia para formarse con grandes maestros.

Verónica en la obra "Los 13 egos" dirigida por Victor Leni.

Una caída en la nieve despertó la vocación de Verónica Cohen.

Cuatro meses antes del porrazo en una pista de snowboard en San Martín de los Andes, a Verónica la habían invitado a ver un espectáculo de danza butoh. “Porque sobraba una entrada”, comenta.

La representación del reconocido bailarín Ko Murobushi -en un único show que dio en la Argentina en 2010- no fue amor a primera vista para Verónica. O al menos no se dio cuenta de ello. “La obra era Quick Silver y él estaba pintado de plata y golpeaba insistentemente una chapa brillosa. Entré como en un estado onírico, pero, al salir, no sabía si me había gustado o no. Meses después estaba haciendo snowboard y me caí en nieve polvo. En ese momento, en esa caída, dije ´Quiero bailar eso´. No sé qué fue, tal vez la imagen del polvo y el recuerdo de lo plateado. No lo sé, pero empecé a buscar cómo estudiar y me contacté con Rhea Volij”, recuerda.

El butoh, una danza japonesa creada en 1950 por Kazuo Ohno y Tatsumi Hijikata, “busca hacer visible lo invisible, sin distracciones, ni interferencias, escuchar desde el hueso qué devenir encarnará la piel”, se lee en el sitio de Volij. “Así -continúa- somos tierra que tiembla, luna que enloquece, feto que sueña. Devenires de los afectos que no cesan de fluir, silencioso río, y que toman una potencia precisa, salen a la luz con la intensidad de lo que no se da tregua; sentir a fondo para poder llegar a la superficie.”

La danza entusiasmó a Verónica que siguió capacitándose, actuó en diversas representaciones y obtuvo una Beca Formación del FNA para asistir, en enero de 2017, a un workshop intensivo de ocho días del bailarín japonés Atsushi Takenouchi en la Association Culturelle Franco-Japonaise de TENRI - Espace Culturel Bertin Poirée y al curso dictado por la docente Marléne Joebstl en París. “La intención del viaje fue aprender de estos maestros y continuar mi formación en la danza butoh, además de generar vínculos con la asociación e investigadores de la danza”, dice la artista, quien es becaria del Conicet y trabaja en una tesis doctoral sobre este arte.

“La propuesta es la danza desde el vaciarse y desde ahí ser habitado por un devenir. Convertirse en algo que no sos. Los movimientos aparecen desde ese otro que no sos vos, desde un estado, y que puede ser desde un pez en un agua contaminada, una mesita de carne en El jardín de las delicias de el Bosco. Hay devenires más animales, más vegetales y más minerales”, define Verónica.

“Es una danza -continúa- que para estar en estado y bailar requiere traspasar cierto límite del cuerpo que muchas veces es el cansancio. Qué pasa cuando no doy más y sigo bailando: ahí se empiezan a caer muchas barreras. No puedo seguir poniendo mi cara para agradar, por ejemplo.”

La perspectiva desde la que Verónica había abordado el butoh -en línea con Hijikata- pone mucho foco en las formas. El seminario de Takenouchi, quien se formó con Ohno, le aportó otra visión. “A veces uno es muy exigente con la forma y Takenouchi es más disfrute, placer, de darle tiempo a las cosas y eso para mi fue un alivio. Es necesario ese placer y el tiempo para el estudio minucioso de la naturaleza que él propone. Necesitaba estar en otro contexto para poder absorberlo.”

El butoh “tiene una libertad absoluta y abre un espacio poético muy grande”, asegura Verónica, cuya historia revela que la musa se puede esconder en una caída en la nieve.


Fotos: Gentileza Verónica Cohen

''Los 13 egos'' fue parte de una residencia del Ciclo Tardes y Noches de Butoh que se realizó en el Museo Larreta. Foto: Marina Jazmín

Con el grupo Luminarias, sobre el escenario. Foto: Paola Evelina Gallarato

Apertura de obra de la residencia Brote, dirigida por Quio Binetti en el Centro Cultural Paco Urondo. La obra se llama ''Dividir-en'' y está dirigida por Verónica, En la silla en primer plano, una de las intérpretes: Mariela Martínez. Foto: Nikai Igaido